No me siento con derecho a escribirte.
Ya no.
Ni me siento libre para hacerlo.
Sé de sobra que vendrás, aunque no quieras,
a comprobar si pienso en ti.
-Qué penosa me voy a sentir si al final no lo haces.
Se me
retuerce una tripa con tu nombre.
Me aguanto-
Y verás lo que no querías ver. Leerás lo que no querías
saber.
Que aquí, sigo tejiendo con lana gris mi última promesa
Estirando el tiempo, descosiendo los minutos como Penélope y
Robe
Dejándome las cuerdas en carne viva
y los dedos astillados de refranes.
y los dedos astillados de refranes.
Y refrenos.
Una canción me acaba de reventar en la cara.
Y ahora no paro de gritar Amén.
No tengo derecho.