sábado, 21 de febrero de 2015

Déjame

Déjalo. 
No te arriesgues. 
No lo intentes.
No me hables de otras que sí consiguieron sacar algo de ti.
No te esfuerces tanto en que me dejes de gustar. Porque funciona. Y no me dejo.
Y en cuanto a mí, joder, a mi ya me vale también.
Esta ridícula obsesión mía no es más que un intento infantil por conseguir lo único que se me ha negado en mucho tiempo.
Tú.
Que nunca has tenido nada porque “no lo merecías”,
y cuando te has visto dos días seguidos en la misma cama,
te has cagado encima.

Pues nada,
ahora a seguir cada uno por su cuenta,
aunque ni siquiera me hayas dado aviso de desahucio.
Patada en el culo y carretera.
Y aunque no espero nada
en el fondo este orgullo mío hace lo imposible por verte,
para luego no hacerte ni puto caso. 
¿Sentido? ¿Lógica?
Somos dos niños en un patio de recreo,
tu me estiras de las trenzas y yo te escondo los porros.
Cada cual más estúpido, más mimado y más egoísta.
Pero tú más.
Tú siempre más.

Él, que nunca miente, se ahoga en eufemismos.
Necesitamos “enfriar” las cosas,
cuando la realidad es que tú estas en la única tabla que flota
y yo en el fondo del atlántico con Jack.

Ojalá termines yéndote a la India.
Y que la distancia sea mera geografía.
Y no sea tan sencillo el llamarte.

¿Sabes qué?
No estoy hecha para esperar. Y tú no estás hecho para nadie más que tú mismo.
Y, créeme, aunque no hay otro lugar en el mundo en el que quiera verte más que entre mis piernas, prefiero que te vayas a la mierda.
Y ojalá que cuando quieras volver yo no esté borracha y tu no lleves mi bufanda.
Y ojalá que quieras volver
y yo no.

El jodido sofá aún huele a ti.

He perdido todas nuestras fotos.

lunes, 16 de febrero de 2015

Tus restos

Supongo que no importa el tiempo que pase
Esta herida sigue abierta y sangrante
Y se abre con tu nombre,
eres la llave de mil puertas
que nunca dan a ti.

Estoy cansada de escucharte en la vida de otros,
y no encontrarme en tus palabras
para variar, te da pereza nombrarme
¿Pereza?
Vale.

Sigues enmascarándolo todo de indiferencia,
yo de rímel y cubatas.
Todavía me escondo en otros brazos,
Si me quedo quieta me hundo. 

No
Puedo
Parar.

Eso te lo dejo a ti; la montaña, los ojos de piedra.
No te vas a ningún sitio. “Ni te irás jamás”.
Descolgándote por las cuerdas de mi pecho.

Voy acumulando fuerza para mover tus recuerdos cuando me mudo
Y sigo tragando saliva para esconderlos bien y que no me sorprendan a destiempo.
No puedo tirarte.

Tu nueva libertad,
tu eterna soledad -como quieres llamarla- me entristece.
Ojalá pudiera llorar -a gusto-
pensando que encontraste a alguien mejor cuando nos rendimos.
Que amas con locura y eres feliz.
Que besas, rozas y erizas otro cuerpo.
Que ya no hay hueco para mí.

Es peor saber que sigues solo.
Que lo prefieres así.

No
sientes
nada.

Yo por el contrario,
sigo sintiendo nauseas.

Llámalo nostalgia.
Llámalo asco.
Llámalo tus restos.


P.D. Sigo echando de menos el centímetro de piel entre tu tabique y tu ojo derecho.
La curva donde mis labios encajaban como un rompecabezas.
Teníamos las medidas perfectas.