Hoy no. Quizás mañana.
Ya no hay espejos ni humo que disfrace tu encuentro con mis
manos.
No hay cortinas que calmen los rayos de mis ojos.
Queman.
Más que todo este tiempo congelado en tu muñeca,
la esfera hecha añicos por las calles del gótico.
No hay historias que me hagan recuperar los capítulos
perdidos de tu biblioteca personal
Todos tus libros son de papel de fumar
Y me fumo tus recuerdos sin esfuerzo.
Rebobinar no funciona en nuestra dimensión temporal y el
Delorean nos dejó hace décadas, sin pasaporte, sin mapa.
Caminamos sincopados. Cantando tus viejos éxitos y mis
nuevos fracasos.
Voy a dedo desde que cortaste las cuerdas de nuestros
puentes colgantes.
¿Qué quieres que te diga si no esperaba encontrarte bailando
a estas horas?
No quería verte pasar y decidiste pasar a verme.
Y sé que lo tuyo es desaparecer sin hacer ruido, cuando a mí
me da por airear el cajón de mis desastres.
Lo mejor de todo es que ya no duele.
(Lo peor de todo es que ya no duele)
¿Te apetece verme jugar?
Hoy no. Quizás mañana.
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